Juan Antonio Mundarain / Un curandero de poderes excepcionales

Uno de los personajes que forma parte de los mitos y leyendas nacidos en el estado Sucre, que bien merece reconocimiento periodístico por su aporte como curandero y adivino a lo largo y ancho de la Península de Paria, con especial incidencia en la población de Los Arroyos de El Pilar, municipio Benítez, es precisamente Juan Antonio Mundarain, poseedor de unas cualidades excepcionales que muchos abuelos y abuelas de Paria ratifican con sus propios testimonios, asegurando que podía curar cualquier tipo de enfermedad con palabras sagradas y adivinarlas mucho antes de referir sus síntomas.

Tan cierto fue su contribución como sanador, que del libro «Los Arroyos y Goyo Brito» Un Siglo de Amor y Trabajo, escrito por el colega periodista Isauro Hernández, se documentan dos anécdotas muy recordadas por las generaciones actuales que seguramente continuarán vigentes en las futuras generaciones como un bien común digno de preservar en el imaginar colectivo de los beniteños.

Anécdota #1
En una ocasión una dama joven venía de un pueblo cercano y en compañía de otras personas llegó a Los Arroyos para solicitar los servicios de Juan Antonio y así poder conseguir la cura de una enfermedad. Cuando le llegó su turno, le pregunta al curandero ¿ Cuánto le pagaré por la consulta? Éste sonriendo le dijo … «Si sólo traes una locha en el seno, eso es lo que debes de pagarme». La mujer se lo quedó mirando boquiabierta y sacó la moneda para entregársela. Pero antes de recibirla, Juan Antonio le dijo …. «No, no me vas a pagar nada, porque esa locha la trajiste al pueblo para comprarle pan a tus niños». La joven largó en llanto y se lanzó en sus brazos como muestra de agradecimiento.

Esta historia no es una fábula o cuento de caminos, es un hecho de la vida real narrada por sus propios protagonistas. Después de casi un siglo de historia local, esta anécdota antes relatada, constituye uno de los pasajes más representativos de la identidad más autentica del norte más extremo del estado Sucre, bautizado como «Tierra Desolada». Pues no! Paria merece un mejor mañana, necesita un nuevo despertar.

Con el transcurso de los años, el curandero y adivino más querido y reconocido de Paria, logró tanta notoriedad, que muchos incrédulos de oficio y escépticos de convicción, decidieron buscar algunas alternativas que permitieran poner al descubierto las supuestas mañas o trucos utilizados por Juan Antonio al momento de atender a un paciente.

Anécdota #2

Un hombre de una comunidad vecina decidió un día desenmascarar al curandero y adivino de Los Arroyos. Para ello se trazó un plan que compartió con todos sus amigos del barrio. Apostó un par de botellas de ron, pero además explicó cómo iba a practicar la tramoya.

En compañía de un grupo de amigos, el incrédulo se sentó a esperar que una vaca orinara para depositar en un frasco pequeño el orín del animal. En la tarde fueron para la casa de Juan Antonio. Cuando le llegó su turno, procedió a entregarle el frasco al curandero, diciéndole que la orina era de su mujer, quien no pudo venir por su cuenta porque se sentía muy mal, por eso vino él con los orines para que los revisara y le mandara algún remedio que aliviara la salud de su compañera.

El curandero levantó el frasco para examinar su contenido, y dirigiéndose al señor le dijo sin tituviar, «Su mujer está muy bien, quien no lo está es usted, que tiene como amante una vaca». El sujeto y sus amigos que lo acompañaban se quedaron desconcertados ante la respuesta. No terminaban de entender cómo Juan Antonio sabía que esa muestra de orine era de una vaca.

Juan Antonio observa que todos se encontraban con la boca abierta y les dice a los amigos del incrédulo…. «Ustedes que acompañan a este señor, muevanse rápido para que se tomen la botella de ron de la apuesta, porque su amigo tiene solo para comprar una, pero no olviden que la otra se la queda debiendo, salvo que decidan tomarse la leche de su mujer».

Con esta experiencia antes narrada, el resto de los escépticos que aspiraban ridiculizar a Juan Antonio se quedaron con las ganas de ejecutar sus respectivos planes, entendiendo de una vez por todas, que la fama y méritos endosados al querido curandero no era pura casualidad o invento de la gente. Sus propios pacientes y allegados, habían sentenciado en primera persona que el adivino de Los Arroyos si era una realidad tan verosímil como la crisis económica y social que en tiempos de pandemia estamos viviendo.

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